En periodos electorales se habla mucho de la segmentación del voto. El voto de las mujeres, de los jóvenes, de los viejos, de las minorías raciales y hasta de la orientación sexual en el caso de los colectivos LGBT. En realidad, es el programa del candidato, su trayectoria, su carisma en convencer a la audiencia y por supuesto sus promesas las que capturan el interés general. Estas últimas son delicadas si son cambios muy radicales en políticas existentes y requieren poner de acuerdo a la mayoría del Congreso.
Y por
supuesto que la presencia y actitud ayudan. Estoy seguro de que Bill Clinton con
su simpatía y John F. Kennedy con su ¨sex appeal¨ lo tuvieron más fácil que el
flaco y feo de Lincoln. Y claro que hay tontos superficiales que caen a los
pies de las actitudes de vaquero y súper macho que alguna vez usaron con éxito Reagan
y W Bush, que le fueron tan mal a Nixon y que tan pobremente trata de imitar el
payaso actual de la Casa Blanca. Pero al final, no son muchos los que votan por
una filiación. Por eso no todas las mujeres votaron por Hillary y hay tantos jóvenes
que siguen con fervor al abuelo Bernie. Que acabamos de ver como se lució Julián
Castro en un debate pero eso no le garantiza el voto hispano y hasta su apellido
puede que cree conmoción en algunas mesas del restaurante Versalles en Miami.
Pero hablemos
del voto negro, ese que algunos dicen que pertenece a Biden porque salió en la foto
por ocho años al lado de Obama o que se lo quiere ganar Kamala o Corey hablando
ebonics o enseñando una foto de su abuela esclava. Es un flaco servicio el que
se le hace a una comunidad vibrante, culturalmente fuerte y políticamente participativa
al etiquetarla como proclive al voto si el candidato es negro o no. Aunque aún
prevalecen injusticias discriminatorias con esta minoría y queda no tan lejos en
la memoria la historia de una cruel segregación, esto no son los años 50. Ahora una Barbara Walters no tiene que
renunciar al amor de un joven político negro porque le destrozaría su carrera. Y
nadie podría levantar de su asiento en un avión a una Rosa Parks que se va de
vacaciones a Europa. Y ya Hattie McDaniel no es la única actriz afroamericana
que ha ganado un Oscar. Eso no quiere decir que no hay desigualdades y que no
existe el racismo, la misoginia y la homofobia. Y la prueba son los terribles eventos que han
desencadenado movimientos tan necesarios como el Black Lives Matter o el Metoo.
Pero la población negra norteamericana también
es un votante educado que sabe a quién debe apoyar y reclama que en ese
programa electoral se incluyan sus derechos al respeto y a la equidad.
Sin embargo tenemos siempre voces extremas,
similares a las del nacionalismo y el populismo que aúpan el odio y la división
con el argumento racial. De modo parecido a como Heinrich Himmler alentaba el
argumento de una raza pura única con derecho a la vida, hay quienes promulgan
el mensaje dañino de que mereces lo mejor y no exactamente lo mismo que los demás
por el hecho de ser negro. Son esos afroamericanos que han llamado con el mote de
Galletica Oreo a una mujer negra, sureña, pobre, violada de pequeña que con su
talento se ha hecho bimillonaria. Para ellos, Oprah Winfrey es solo negra por fuera, pero
demasiada blanca por dentro. Uno de esos energúmenos de mente estrecha es este
cocinero que empezó a grabar rimas callejeras y se dio a conocer como un rapero
mediocre pero que decidió vivir de escandalizar y generar crispación con el
tema racial y con chismes de todo tipo. En sus ínfulas hasta hizo una corta y
frustrada carrera para alcalde en Miami. Aunque lo bautizaron en honor a Martin
Luther King, el nombre artístico de este personaje viene de la Guerra de la
Galaxias. Se llama Uncle Luke. Es un clon de Rush Limbaugh con más melanina, prepucio
y vulgaridad. Y si no me creen, lean
este artículo de este tipo iluminado.
Según este sujeto ningún candidato demócrata merece
el voto negro. O sea que se merecen cuatro años más de Darth Vader Covfefe. Su crítica
a Kamala Harris incluye el haber dejado un amante negro por casarse con un
blanco. Que para este comentarista galáctico el color del sable de laser es lo
que importa y los matrimonios interraciales son una abominación. Cory Booker no
es lo suficiente hip hop para Uncle Luke, y eso que no se ha enterado que la novia de Cory es una actriz latina y nuyorican.
El alcalde afroamericano Wayne Messam, no va a los debates porque no reunió las
donaciones ni los votos requeridos pero según Uncle Luke lo han hecho por el color
de su piel. Y sino miren a Pete Butiggieg que está en las encuestas solo por ser
blanco y gay ¿Tú has visto Luther lo que se requería para estar en los debates?
Y es por racismo que no aceptaron la nominación de Trump del juez Rodney Smith
que es un archiconservador tan reacio como Clarence Thomas, que por cierto es afroamericano
también. Y mucho daño que ha hecho Thomas con sus opiniones retrógradas en la
Corte Suprema .Y ambos, como la mayoría de los jueces conservadores son
miembros de la Federalist Society.
Por suerte la mayoría de la comunidad afroamericana
no piensa como Uncle Luke, o sea que ¨la fuerza no está con él”.
In election periods there is much
talk about the segmentation of the vote. The vote of women, young people, old
people, racial minorities and even sexual orientation in the case of LGBT
groups. In fact, it is the candidate's program, his track record, his charisma
in convincing the audience and of course, his promises what capture the general
interest. The latter are delicate if they are very radical changes in existing
policies and require a majority of Congress.
And of course the presence and
attitude help. I'm sure Bill Clinton with his sympathy and John F. Kennedy with
his sex appeal had it easier than Lincoln who was too skinny and ugly. And of
course there are superficial fools who fall at the feet of cowboy and
super-male attitudes that Reagan and W Bush once successfully used, that went
so badly on Nixon and that are so poorly imitated by the current White House´s
clown. But in the end, there are not many who vote for an affiliation. That's
why not all women voted for Hillary and why there are so many young people who
earnestly follow Grandpa Bernie. We just saw how Julián Castro looked at a
debate, but that doesn't guarantee him the Hispanic vote, and even his last
name may cause shock at some tables at the Versailles restaurant in Miami.
But let's talk about the black vote,
the one that some say belongs to Biden because he was in the photo for eight
years next to Obama or that Kamala or Corey want to earn by speaking Ebonics or
showing a photo of a slave grandmother. It is a weak service that is done to a
vibrant, culturally strong and politically participatory community by labeling
it a vote-prone whether the candidate is black or not. Although discriminatory
injustices with this minority still prevail and the history of cruel segregation
remains not so far away in memory, this is not the 50s. Today, a Barbara Walters doesn't have to give
up the love of a young black politician because it would wreck his career. And
no one could lift a Rosa Parks from her seat on a plane on her holiday to
Europe. And Hattie McDaniel is not the only African-American actress to have
won an Oscar. That is not to say that there are no inequalities and that there
is no racism, misogyny and homophobia.
And the proof is the terrible events that have triggered much-needed
movements like the Black Lives Matter or the Metoo. But the American black population is also an
educated voter who knows who to support and calls for that election program to
include their rights to respect and fairness.
Yet we always have extreme voices,
similar to those of nationalism and populism that fuel hatred and division with
racial argument. Similar to how Heinrich Himmler encouraged the argument of a
pure race with the only right to life, there are those who promulgate the
harmful message that you deserve the best and not exactly the same as others
for being black. those are some African-Americans who have called an Oreo Cookie to a
black, Southern, poor, raped woman with enormous talent who became bimillonaire.
For them, Oprah Winfrey is only black on the outside, but too white on the
inside. One of those narrow-minded monsters is this cook who started recording
street rhymes and became known as a mediocre rapper but who decided to live off
scandalizing and generating crunch with the racial theme and gossips of all
kinds. In his ego trips, he even made a short and frustrated career for mayor
in Miami. Although he was named after Martin Luther King, this character's
stage name comes from Star Wars. His name is Uncle Luke. It is a clone of Rush
Limbaugh with more melanin, foreskin and vulgarity. And if you don't believe me,
read this article of this enlightened guy.
According to this guy, no Democratic
candidate deserves the black vote. So they deserve four more years from Darth
Vader Covfefe. His criticism of Kamala Harris includes leaving a black lover
for marrying a white man. Because for this galactic commentator, the color of
the laser saber is what matters and interracial marriages are an abomination.
Cory Booker isn't hip hop enough for Uncle Luke, and he hasn't heard yet that
Cory's girlfriend is a latina newyorican actress. African-American Mayor Wayne
Messam doesn't go to the debates because he didn't get the donations or the
votes he needed, but according to Uncle Luke they've done it because of the
color of his skin. And if you don't trust this, look at Pete Butiggieg who's in
the polls just for being white and gay. Have you seen Luther what it took to be
in the debates? And it's out of racism that they didn't accept Judge Rodney
Smith's nomination for Trump that he's an arch-conservative as reluctant as
Clarence Thomas, who by the way, is African-American too. And a lot of damage
Thomas has done with his retrograde opinions on the Supreme Court. And both,
like most conservative judges, are members of the Federalist Society.
Luckily most of the African-American community
doesn't think like Uncle Luke, so "the force is not with him."

EL ARTICULO: The Democratic Presidential Debates in Miami Are a Sham
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