Einstein y los inmigrantes

Se pueden llamar Jan Brewer o Nick Griffin o Xavier Garcia Albiol. Puede ser en el estado de Arizona, en el norte de Londres o en Badalona. Puede venir del Partido Republicano, el British National Party o el Partido Popular. La receta es la misma: Medidas extremas en contra de los inmigrantes como parte de un discurso populista para ganarse votos en tiempo de crisis.
Estas son las noticias recientes que me alarman. No porque hayan desaparecido o vayan a desaparecer. Siempre han vivido con nosotros.
Lo que me alarma es lo que pueda pasar cuando se atiza el lenguaje nacional socialista. Que me diga alguien si el principio no es el mismo de David Lane resumido en sus catorce palabras: "Debemos asegurar la existencia de nuestro pueblo y un futuro para los niños blancos."
La crisis económica, cuyas raíces están en la irresponsabilidad y la codicia de los que mucho tienen, puede generar desesperación en los que nunca tuvieron y ahora tienen menos. En los tantos que se olvidan de quien ayer recogía sus tomates en Norteamérica o las uvas para el cava catalán. No ven que en el distrito londinense del señor Griffin la depresión viene de la mano de la reducción de la fábrica Ford que le dio de comer a los obreros ingleses hasta que el mercado automovilístico se hundiera con la burbuja inmobiliaria. Ni siquiera se percatan de que García Albión no vive en Badalona, sino acomodadito en Barcelona.
A ninguno de estos les afectan directamente los inmigrantes ilegales. Como una casta de intocables por su dinero, están muy lejos de esos infelices. Saben perfectamente que no todos los delincuentes son rumanos o africanos ilegales, que hay muchos más que son del patio o con papeles. Hasta deliberadamente cierran los ojos al hecho de que Rumania es miembro de la CE desde el 2007. Conocen las causas históricas y ancestrales de la inmigración, las mismas que empujaron a los ingleses a cruzar el charco o a enviar delincuentes a las antípodas australianas. Las que hicieron a los catalanes abandonar el trancadís por las alpargatas para poder caminar las tierras calientes suramericanas en busca de fortuna. Estos solo quieren votos.
Es el mismo discurso populista que utiliza el totalitarismo de izquierda para nacionalizar lo que no les pertenece y dar la impresión de que lo entregan al pueblo mientras se reparten lo que no trabajaron. Lo de estos políticos es como las bolas de navidad. Si te miras en la cóncava, la cara aumenta. Si lo haces en la convexa se te alarga. Al final tu cara no cambia.
El riesgo lo veo en tanta gente que digiere fácil las ideologías cuando tienen el estómago vacío. Albert Einstein lo dijo: “Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”.
El peligro está en cómo parar lo que comienza con inmigrantes ilegales, siempre con un trasfondo racial, pero que puede continuar. Lo que hoy se mide con la vara del nacionalismo puede extenderse al color de la piel o los ojos, las creencias religiosas, el fenotipo o sencillamente el género. Ya ha pasado con anterioridad y mucha gente olvida.
Otra vez me viene a la cabeza Einstein: “La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa.”


Comentarios

Casimiro Palacios ha dicho que…
De acuerdo contigo juan carlos. No podemos dejar de manifestar nuestra repulsa por manifestaciones de este tipo. No podemos dejar que crezca el olvido, tenemos que sembrar la memoria. Si me permites reproduzco tu entrada en mi bitácora. Un cordial saludo.
Casimiro Palacios